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LA FISCALIDAD DE LAS HERMANDADES

Tema por el que nos habéis preguntado en varias ocasiones, y siendo nuestra primera intención tratar vuestras inquietudes jurídicas, ésta, que tan ligada está a nuestra tierra, no podía quedarse en el tintero.
Primeramente debemos aclarar qué significado jurídico posee el término “Hermandad” para entender el tratamiento que le da la ley. Sustraemos del Código de Derecho Canónico, de sus artículos 298 y siguientes, que podemos definir a las “Hermandades” como asociaciones públicas de la Iglesia, asociaciones de fieles eregidas por la autoridad eclesiástica competente. En efecto, poseen personalidad jurídica canónica desde su constitución. Pero para que surta efecto la personalidad civil deben ser inscritas en el Registro de Entidades Religiosas (Dirección General de Relaciones con las Confesiones del Ministerio de Justicia). Esto es una cosa similar al tratamiento que se le da al matrimonio canónico, que lo es como tal desde el momento del “matrimonio in facto ese”, o para entendernos desde la ceremonia eclesiástica, pero que no adquiere efectos civiles hasta la posterior inscripción en el Registro Civil.
En lo referente a la tributación. ¿Qué tipo de régimen fiscal se le aplica a una hermandad? Pues bien, se encuentran las hermandades ante dos opciones o variantes de aplicación normativa:

1.- El régimen fiscal general. Y más concretamente lo preceptuado en cuanto a la exención parcial recogida en el capítulo XIV del título VII de la Ley 27/2014, de 27 de noviembre, del Impuesto de Sociedades. Estas exenciones están previstas en los artículos 109 a 111 de esta normativa. Y son régimen de exención especialmente previsto para las entidades reguladas en el artículo 9.3.a) de la misma normativa, esto es, “Las entidades e instituciones sin ánimo de lucro no incluidas en el apartado anterior”.
Importantísimo hacer mención al artículo 124 de esta ley. Concretamente su apartado tercero reseña que estas entidades previstas en el artículo 9.3, NO TENDRÁN OBLIGACIÓN de presentar declaración cuando cumplan una serie de requisitos, a saber:
– Que sus ingresos totales no superen 75.000 euros anuales
– Que los ingresos correspondientes a rentas no exentas no superen 2.000 euros anuales
– Que todas las rentas no exentas que obtengan estén sometidas a retención
2- Por otro lado, las Hermandades se pueden acoger a la aplicación tributaria de la Ley 49/2002, de 23 de diciembre, de régimen fiscal de las entidades sin fines lucrativos y de los incentivos fiscales al mecenazgo.
Ahora bien, las hermandades han de cumplir una serie de requisitos previstos en el artículo 3 de la ley para que puedan acogerse a este régimen fiscal. Estos requisitos son:
– Que la entidad persiga fines de interés general.
– Que destine a la realización de dichos fines al menos el 70 % de las rentas derivadas de las actividades económicas (por ejemplo las rentas obtenidas de una barra en una cruz de mayo, o la venta de papeletas de lotería, o la venta de medallas, etc…).
– Que la actividad realizada no consista en el desarrollo de explotaciones económicas ajenas a su objeto o finalidad estatutaria.
– Que los miembros de la junta no sean los destinatarios principales de la actividad de la institución
– Que tales cargos sean gratuitos
– Que en caso de disolución, el patrimonio de la hermandad se destinen a fines de interés general o a otras entidades beneficiarias del mecenazgo
– Que la entidad esté inscrita en el Registro Correspondiente.
– Que se cumplan con las obligaciones contables de su legislación específica.
– Que se elabore anualmente una memoria económica en la que se especifiquen los ingresos y gastos del ejercicio.
Como vemos estamos ante un amplio elenco de requisitos para acogernos a este régimen, no obstante la mayor parte de las hermandades así lo hacen ya que las ventajas fiscales de la aplicación de esta normativa son notables. Y no es cuestión baladí, prueba de ello son las importantes deducciones que existen para los donativos, o la reducción al tipo del 10 por ciento de las rentas no exentas, etc.
En cuanto a las obligaciones canónicas, las Hermandades han de rendir cuentas de administración frente a la autoridad eclesiástica de manera anual. Asimismo, las normativas fiscales obligan a las hermandades a llevar una contabilidad, a la rendición de cuentas y a la elaboración anual de una memoria económica (como adelantábamos son requisitos para el sometimiento al régimen fiscal de la Ley 49/2002).

Esperemos que os haya sido de ayuda.

Un saludo.

Nos vemos en el próximo Blog !