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HERENCIA, SUCESIÓN Y TESTAMENTO: LAS BASES DEL DERECHO DE FAMILIA

Todos hemos oído hablar constantemente de la herencia, el testamento…y conocemos, a grandes rasgos, lo que estos términos significan, ya que, de una forma u otra, forman parte del día a día; pero… ¿sabemos con exactitud diferenciarlos?

        Por un lado, la herencia es el conjunto de bienes, derechos y obligaciones que forman el patrimonio de una persona y que, con su muerte, se transmite a sus herederos.

        A esta transmisión del conjunto de la herencia del causante a los herederos con ocasión de la muerte de éste se conoce como sucesión. La sucesión puede ser: testada o testamentaria o intestada o abintestato (sin testamento). La primera es la reconocida por el mismo causante en el testamento, y por tanto es fruto de su voluntad; y la segunda es la que, en ausencia de testamento, está regulada por la Ley, no constituyendo por tanto voluntad del causante.

        Por otro lado, el testamento es un acto jurídico unilateral por el que una persona, el testador, declara sus últimas voluntades y dispone de sus bienes, o de parte de ellos, para después de su muerte.

        Centrándonos en la herencia, ésta se encuentra regulada a lo largo de una extensa serie de artículos de nuestro Código Civil, concretamente del 744 al 911.

        De acuerdo con el Artículo 744, éste establece que podrán suceder, tanto por testamento (sucesión testada o testamentaria) como sin él (sucesión intestada o abintestato), todos aquellos que no estén incapacitados por Ley.

    ¿Y quiénes considera la Ley como incapacitados para suceder? La respuesta nos la da el Artículo 745, que establece que:

 “Son incapaces de suceder:

1.º Las criaturas abortivas, entendiéndose como tales las que no reúnan las circunstancias expresadas en el artículo 30.

2.º Las asociaciones o corporaciones no permitidas por la Ley.”

En este sentido, nos dice el Artículo 755, que toda disposición testamentaria a favor de persona considerada como incapaz por el artículo 745 será considerada nula, así como el artículo 756 hace alusión a los incapaces de suceder por causas de indignidad (ya explicados en el blog anterior).

        La herencia, como masa o caudal hereditario del que dispone la persona en su testamento y que, con su muerte, pasa a formar parte de sus herederos, se divide en tres partes, llamados “tercios”.

        De esta forma tenemos: el tercio de legítima estricta, el tercio de mejora, y el tercio de libre disposición.

        El tercio de legítima estricta va dirigido, forzosamente, a los herederos directos, ya sean descendientes o ascendientes en el caso de fallecer sin hijos.

        Aparece definido en el Artículo 806 del Código Civil:

        “Legítima es la porción de bienes de que el testador no puede disponer por haberla reservado la Ley a determinados herederos, llamados por esto herederos forzosos.”

        El tercio de mejora, tal y como su nombre indica, va destinado a “mejorar”, esto es a favorecer, a los descendientes, que en este caso podrán ser tanto directos (hijos) como indirectos (nietos, bisnietos, etc…).

        Viene reflejado en el Artículo 823 del Código Civil:

        “El padre o la madre podrán disponer en concepto de mejora a favor de algunos de sus hijos o descendientes, ya lo sean por naturaleza ya por adopción, de una de las dos terceras partes destinadas a legítima.”

        Y, por último, el tercio restante, el tercio de libre disposición, podrá destinarse a absolutamente cualquier sujeto sin necesidad de ser familiar, si así lo ha dejado plasmado el causante en su testamento.

        Este tercio de libre disposición viene establecido en el Artículo 808, artículo muy importante y que conviene recordar, ya que resume todo lo dicho sobre los tercios de la herencia:

    “Constituyen la legítima de los hijos y descendientes las dos terceras partes del haber hereditario del padre y de la madre.

Sin embargo podrán éstos disponer de una parte de las dos que forman la legítima, para aplicarla como mejora a sus hijos o descendientes.

Cuando alguno de los hijos o descendientes haya sido judicialmente incapacitado, el testador podrá establecer una sustitución fideicomisaria sobre el tercio de legítima estricta, siendo fiduciarios los hijos o descendientes judicialmente incapacitados y fideicomisarios los coherederos forzosos.

La tercera parte restante será de libre disposición.”

Por último, señalar que las personas llamadas a recibir una herencia, es decir, las personas que han sido incluidas por el causante en el testamento, tendrán la opción de aceptar dicha herencia o de rechazarla (lo que es conocido como “repudiar” la herencia).

Si optan por aceptarla, pasarán a llamarse herederos, y a formar parte del total del patrimonio hereditario (bienes, derechos y deudas) del causante. En ningún caso se puede aceptar una parte del patrimonio (por ejemplo, los bienes) y rechazar otra (como pueden ser las deudas).

Artículo redactado por nuestra compañera Dª CLAUDIA GARCIA POYATO.